
La Procesión del Silencio de Morelia cumplió 50 años de realización ininterrumpida. Su edición 2026 muestra una tradición católica cuya ritualización social resiste al paso del tiempo, así como a las tentaciones del mercado turístico y a las de la propaganda política, que quieren montarse en ella.
El silencio y la oscuridad, casi totales, cayeron sobre la antigua Calle Real de Valladolid, hoy Avenida Madero de la capital michoacana. Poco antes del anochecer, a las 19:15 horas, salieron de la Calzada de Fray Antonio de San Miguel 20 cofradías (hermandades) con destino a la Catedral.
Inciensos, matracas y cadenas entre los penitentes, y velas entre los espectadores, acompañaron el camino de María, la Virgen Dolorosa —o de la Soledad, como se le conoce en Michoacán—, junto al cuerpo sin vida de su hijo, Jesús, crucificado por proclamarse rey de los judíos e hijo de Dios.
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Procesión del Silencio de Morelia, tradición arraigada entre las familias

El ritual inició en 1976: por iniciativa del sacerdote Joaquín Altamirano Rodríguez, quien convocó a la comunidad del Barrio de Capuchinas a salir en procesión el Viernes Santo. Con el tiempo, el recorrido se amplió y, a pesar de todo, ha arraigado en las familias católicas de la capital michoacana.
María Olivia tiene 68 años de edad. Es originaria de Santa Clara del Cobre, pero vive en Morelia desde pequeña. Ha asistido, cada año, desde que se enteró de que se llevaba a cabo, esto es, antes del confinamiento por la pandemia de coronavirus (2020). La mueve la experiencia y la tradición.
Vengo a ver a la Procesión del Silencio, que cada año vengo a verlo, porque es una cosa bonita y eso es lo que me enseñaron mis papás, y es lo que vengo a hacer.
María Olivia, 68 años, habitante de Morelia

Gabriela y su familia asisten desde hace 10 años. Admiran el esfuerzo de los penitentes de las cofradías, quienes cargan imágenes de más de 100 kilogramos sobre sus hombros. Sin embargo, el motivo de fondo de su asistencia, es que la experiencia las conecta con su identidad religiosa y su fe.
Es algo tan emotivo. Ver cómo van pasando todas las cofradías. Es un dolor muy profundo que sufre la Virgen cuando crucifican a Jesús, entonces, están de luto.
Gabriela, habitante de Morelia
Fe sin edad: una joven tamborilera y un viejo campanero

Alexa Guadalupe es originaria de Morelia y tiene 17 años de edad, en 14 de los cuales ha participado en la Procesión. De niña, relata, sólo acompañaba con el caminar, pero conforme creció le dieron otros encargos. Este 2026 tocó los tambores con la cofradía “Inditas y Guarecitas del Tepeyac“.
Empecé a los tres años y nunca he fallado. Es algo que me gusta hacer porque es como recordar la Pasión de Cristo y todo lo que pasó. Y que Dios ha muerto por perdonarnos.
Alexa Guadalupe, 17 años, habitante de Morelia

Por el contrario, hay personas de edad avanzada con poca experiencia en la Procesión. José Marmolejo tiene 82 años, pero ésta fue su primera vez. Hace año y medio que no sólo se le cumplió el sueño moreliano de subir a la campana de Catedral, sino que se volvió campanero. Ahora fue penitente.
Yo, siendo de Morelia, mi sueño era subir a tocar las campanas. Es una emoción subir y repicar las campanas. Ahora me invitaron a participar en la cofradía de Campaneros y Matraqueros, y aquí estoy.
José Marmolejo, 82 años, habitante de Morelia
Turistificación de la liturgia en el espacio público de Morelia

Hay procesiones en otras ciudades de México, como en San Luis Potosí, que han dejado de ser una liturgia en el espacio público para convertirse en un espectáculo para turistas. No es así en Morelia, pero la tentación existe. Al empresariado del Centro Histórico y a la clase política le conviene.
Si bien muchos establecimientos apagan sus luces para abonar a la sensación de oscuridad que requiere la tradición, también ya es común ver a clientes de cafés, restaurantes y bares retratando el ritual desde las terrazas. Además, es una fecha alta en ventas para los comercios del primer cuadro.

Una de las inconformidades reiteradas tiene que ver, precisamente, con que no se respeta el significado del ritual. Hay espectadores que llegan de último momento a ponerse en primera fila para poder sacar fotos y videos, con lo que tapan a los creyentes que apartaron su lugar con tiempo.
Cabe recordar que el recorrido se amplió en 1991, aniversario 450 de la fundación de la Nueva Valladolid (hoy Morelia) y año en que Morelia fue reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad, insignia capitalizada por las secretarías de Turismo municipal y estatal.
Propaganda política en eventos religiosos úblicos

El gobierno de Morelia presumió que esta vez asistieron más de 60 mil personas, lo que hablaría de la seguridad que hay en la ciudad y de su atractivo cultural-religioso. El alcalde Alfonso Jesús Martínez Alcázar no perdió la oportunidad de hacer una transmisión en vivo, además de que las velas que repartió llevaban el logo de su administración “Morelia brilla”.
No obstante, las familias morelianas reconocen que el apoyo del presidente a estas actividades tiene un fondo electoral. Lo demostró, en un inusual gesto, un sector de la afluencia, ubicada en la banqueta norte de la Madero, que le reclamó que no les repartieron suficientes velas.
Ponchito, ya sabemos que quieres ser gobernador, pero, por no darnos velas, ¡tache!
Mujer asistente a la Procesión del Silencio, Morelia, 2026

